Ejemplos y perspectivas a futuro

Aplicaciones

¿Cuáles son las aplicaciones de un contrato? Sí, todas esas. Además, veamos sólo algunas frecuentes en los smart contracts:
– Automatización de pagos: puede programarse para asegurar que la cantidad requerida llegará en el tiempo especificado a las personas u organizaciones indicadas. Las herencias podrían automatizarse en el futuro, podrían asegurarse los préstamos y, por otro lado, el grupo humanitario Start Network planea usar esta característica para distribuir sus fondos a los más necesitados.
– Registro y cambio de propiedad: pueden registrarse en la blockchain los documentos necesarios para establecer una propiedad desde el inicio, y cambiarla de titularidad mediante contratos inteligentes. Suecia ya está probando su propia plataforma para lograrlo, mientras que en Holanda el banco ABN Amro está diseñando un sistema para bienes raíces basado en esta tecnología.
– Transacciones energéticas: se ha considerado crear un ecosistema digital para el intercambio de energía. De este modo, fuentes de electricidad o combustible estarían conectadas a contratos inteligentes entre sólo individuos o con organizaciones involucradas, que a su vez podrían personalizar el consumo de cada cliente. Wien Energie GmbH, la compañía energética más grande de Alemania, y Endesa, la más grande de España, están probando esta utilidad. Por otro lado, Innogy SE –subsidiaria del gigante energético alemán RWE—, ya está usando los smart contracts para permitir la recarga de autos eléctricos.
– Propiedad intelectual (IP): cuando los derechos de un producto o servicios son compartidos la distribución de los ingresos puede dificultarse. Los contratos inteligentes pueden no sólo facilitar estos procesos, sino automatizarlos. Así, por ejemplo, en Reino Unido ya se ha desarrollado un nuevo tipo de contrato inteligente especialmente diseñado para la IP en la industria de los videojuegos.
– Seguros: en este sector se requerirían oráculos comunes de confianza entre la aseguradora y el usuario, pero el proceso de pagos ante incidentes podría automatizarse y por tanto librarse de papeleo y tiempo valioso. La firma legal Hogan Lovells ya ha realizado una prueba al respecto para seguros contra terremotos.
– Apuestas: ya no se requerirían terceros de confianza para ninguna clase de apuestas. Dos o más partes pueden recurrir a un contrato inteligente para asegurar que las condiciones van a cumplirse.
– Compras automáticas: podría configurarse un contrato inteligente para la compra de acciones, criptomonedas o cualquier otro producto a un precio fijo durante un período de tiempo determinado.
– Votaciones: pueden registrarse y verificarse de manera segura y exacta los resultados de cualquier encuesta, desde algún tema trivial hasta elecciones gubernamentales, e incluso establecer una consecuencia inmediata para esas votaciones según sean los resultados.
– Smart Property (propiedad inteligente): como describió Szabo desde el principio, es posible incrustar un contrato inteligente en cualquier objeto que sea controlado por medios digitales. De ahí nace la ‘propiedad inteligente’ (smart property), que puede asimilarse a objetos IoT —conectados a la red—. Estos pueden ir desde viviendas hasta automóviles. Así, por ejemplo, podría automatizarse la renta de estas propiedades.



¿Son legales?

Depende de la jurisdicción, e inclusive de la interpretación del mismo contrato sobre la jurisdicción a la que debería sujetarse, dado que estos son escritos sobre la blockchain, que puede consultarse en cualquier lugar del mundo. De momento, están una zona más bien gris.
Es cierto que aún quedan bastantes consideraciones legales por resolver con respecto a los contratos inteligentes. Pero el mundo, y sus legislaciones, ya se está abriendo a ellos: así, por ejemplo, en Arizona (Estados Unidos) se ha determinado que tienen el mismo estatus legal que los contratos tradicionales, y según la consultora Capgemini estos instrumentos se impondrán en la industria en algunos años gracias a la eficiencia y ahorro que son capaces de proveer.
A poco que uno se ponga a imaginar puede vislumbrar un mañana sin grandes multinacionales monopolizando sectores, sino códigos transparentes que viven infinitamente en una cadena de bloques y son capaces de orquestar la provisión de todo tipo de servicios sin coste (o un coste ridículo comparado al actual). Vamos hacia un mundo global, pero distribuido, sin intermediarios ni grandes empresas organizando todo a su antojo en la sombra. Un mundo global con servicios globales, donde los smart contracts tienen todas las papeletas de ser la semilla de un cambio sin precedentes

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